Crónica del descenso
Caminamos juntos,
caminamos juntos,
acabados,
abatidos,
atiborrados,
degradados,
avergonzados
desterrados y exiliados,
caminamos juntos,
caminamos juntos,
por un plato de judías,
por el perro que merodea,
por una promesa falsa,
por un amor imposible,
por lograr lo imposible,
por el jersey que llevas puesto,
no por ideales ni por la gloria,
ni por el deseo intenso,
ni siquiera por matar al culpable
caminamos juntos,
caminamos juntos,
nos acercamos al final, estamos agotados y no nos quedan fuerzas ni para hacer preguntas lo único cierto es que estamos juntos,
juntos,
juntos,
caminamos juntos,
me da igual el niño que roba a su abuela en Londres,
me da igual la señora que se corta las venas en Qualalunpur,
me da igual que un vecino contagie a su família de hepatitis c,
me da igual si el mundo es justo o no es justo pero cierto es que no siempre he pensado así.
Yo también fui niño.
Yo también fui inocente.
Y trabajando con mi mundo interior me encontré numerosos abismos.
Pero tu eres diferente.
Tus manos son tan pequeñas,
tus labios son tan tentadores,
tus piernas son tan ligueras,
tu mente es un engima constante,
una ecuación dentro de una ecuación, etc, etc, etc...
y vas y me abandonas.
La culpa es mía y de mis abismos,
te comprendo, te entiendo y no te culpo,
pero nunca te largaras de mi cabeza porque en ella
caminamos y caminamos, caminamos,
caminamos juntos,
caminamos juntos.
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